Sintaxis de lo heredado. Sobre la obra de Mod Cárdenas

Por Alberto Ríos de la Rosa, 2026

El proceso de formación social atraviesa una transición decisiva cuando la disciplina ejercida por la familia, la escuela o la iglesia deja de operar desde el exterior y se traslada al fuero interno. En La sociedad del cansancio (2010), Byung-Chul Han identificó este fenómeno al señalar que la dominación alcanza su mayor eficacia al prescindir del vigilante externo, logrando que el propio sujeto se convierta en su propio ejecutor. Así, la culpa, el silencio y la obediencia pierden su carácter de imposición social y se reinterpretan como rasgos de la personalidad. La propuesta del artista guatemalteco Mod Cárdenas se articula en el preciso instante en que una estructura heredada deja de percibirse como un sistema normativo ajeno para encarnarse en la identidad del individuo.

Cárdenas aborda este fenómeno a partir de su trayectoria en la psicología clínica, un antecedente que conviene interpretar como una praxis metodológica. La consulta terapéutica entrena la escucha para identificar la grieta entre lo que el individuo cree enunciar y lo que reproduce de manera autómata. La operación del artista consiste en aislar este engranaje psíquico y devolverlo a la dimensión colectiva de la que emerge. De este modo, emociones como la vergüenza, el sigilo o la prudencia contenida se revelan como síntomas directos de un ordenamiento estructural.

Su propuesta se despliega a través de la escultura, el grabado, el textil, la instalación y la intervención urbana. Si Rosalind Krauss planteó en La escultura en el campo expandido (1979) que esta disciplina había dejado de definirse por sus atributos materiales para convertirse en una red de oposiciones formales, Cárdenas retoma esa matriz para trasladarla al ámbito político e institucional. Su trabajo mapea los dispositivos que organizan y subordinan a los cuerpos. Los elementos industriales, rígidos y punzantes encarnan la imposición del poder, mientras que los materiales textiles y el bordado registran la impronta del sujeto que ha asimilado esa fuerza.

Las distintas vertientes de su obra indagan en formas de dominación que prescinden del archivo oficial. A diferencia de la censura estatal, cuya huella documental permite la impugnación pública, los mandatos asimilados no dejan registro. En Protocolos del silencio, el bordado monocromático sobre la misma tela preserva el texto intacto, pero cancela su lectura; la frase está allí, sin tachaduras, pero resulta imperceptible, evidenciando cómo la norma actúa vedando la enunciación desde su propio origen. Esta articulación de lo mudo se repite en otras series. El volumen ciego de Máquinas heredadas encarna el comportamiento de la institución a través del peso, la opacidad y la negativa al diálogo.

En un segundo momento, la dinámica se invierte y el sujeto deja de ser mero receptor del mecanismo para convertirse en su ejecutor activo. Las crestas de vidrio sobre los muros perimetrales de las viviendas son sufragadas y mantenidas por las propias comunidades agrupadas bajo el miedo, exponiendo una economía de la paranoia que Cárdenas descontextualiza al trasladarla a la sala de exhibición. En Entramado de pertenencia, la acumulación de indumentarias superpuestas señala un cuerpo escindido entre múltiples mandatos normativos. La incorporación del telar de pedal representa una tecnología de control introducida durante la Colonia para desplazar el trabajo femenino del telar de cintura hacia la fuerza laboral masculina. Tejer allí implica operar desde el interior de la norma impuesta. Esta misma lógica rige la gradación de tonos de piel, que despoja al color de su lectura cromática para exponerlo como la herramienta clasificatoria que la sociedad de castas y el orden ladino formalizaron para administrar los cuerpos. La abstracción geométrica opera como el armazón formal que cohesiona estas series, empleando la retícula para revelar el sesgo de control subyacente a las promesas de modernidad en el arte latinoamericano.

El proyecto de Cárdenas se sitúa en la memoria fragmentaria propia de la experiencia mestiza para interrogar la naturaleza misma del registro. El inventario burocrático de obras destruidas adopta la lógica administrativa del archivo para vaciarla de contenido, ya que el documento ya no certifica la existencia del objeto, sino únicamente la persistencia del aparato institucional que lo catalogó. Las preguntas implícitas en su trabajo (quién moduló el volumen de la voz, quién fijó los límites, quién inventó la amenaza, quién jerarquizó la piel) exponen que la norma, aprendida en el exterior, termina por instalarse en el fuero interno para reproducirse sin necesidad de supervisión. Nombrar este engranaje no implica desactivarlo, el objetivo de Cárdenas es el de devolver a la estructura su condición de artefacto para que esa voz interior que ordena en primera persona vuelva a revelarse.

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Memorias del Presente: La herencia cultural como enunciado y enunciación. Voces mediadoras de un pasado futuro.